Al escribir
Al escribir, abro una ventana dentro de mi pecho.
Abro una conexión entre el espíritu, el cuerpo, los recuerdos dibujados en cicatrices, la mente y el revuelo de pensamientos insaciables.
Abro las verdades, las dudas, las pasiones, las nostalgias. Abro las luces y las oscuridades.
Inicio un vals irrompible, imparable, un vals que rememora el movimiento de los ríos y sus cauces, las montañas y sus valles, las dunas y sus oasis… que se cuela en la cintura y el vaivén lento, misterioso y seductor de dos amantes.
Al escribir, abro un universo estrepitoso, un enjambre de constelaciones antiguas, nebulosas, tormentas y auroras boreales.
Abrazo la luna, la beso, recorro su cuerpo. Vacío mis cántaros de vino y miel en sus cráteres preciosos.
Al escribir, chupo la energía del mar, la atrapo en mis redes, la amaso, la meto en el torno y me vuelvo alfarera de corrientes lentas, meciendo con ritmo los pliegues de sal.
Abro las cortinas de una casa vieja, permitiendo entrar recuerdos que queman. Rayos de luz dulce, amarga y agridulce que se vuelven tornasol entre la piel.
Abro la mirada de una niña, a veces perdida, a veces feliz. El sabor de los colores, los sabores, las sensaciones, los tactos, las cosas inexplicables que solo imaginando los maneja la niñez.
Abro la narrativa, suelto al villano, cuestiono las cavernas de la nada, la niebla perdida, la nata espesa en los confines de la memoria.
Al escribir, armo un rompecabezas, escudriñando en los rincones, rascando en las palabras, rasgando con navaja las estepas doradas, los instintos, las guaridas del águila esteparia y su vuelo entre corrientes y distancia.
Marina
08’05’2026


